El kéfir es un alimento que ha ganado mucha popularidad en los últimos años gracias a todos los beneficios que puede aportar a la salud dige
El kéfir es un alimento que ha ganado mucha popularidad en los últimos años gracias a todos los beneficios que puede aportar a la salud digestiva, sobre todo por su contenido de probióticos.
Es por eso que muchas personas suelen incluirlo en su dieta diaria para mejorar la flora intestinal, fortalecer el sistema inmune y apoyar la digestión, todo con un mismo alimento y de forma natural.
Al ser un alimento que ha pasado por fermentación, cuenta con muchas propiedades, pero no significa que sea adecuado para todas las personas o que pueda consumirse sin consideraciones. Como cualquier otro producto, el kéfir también cuenta con algunas contraindicaciones que es importante conocer antes de que lo consumas de forma regular.
Introducirlo en tu alimentación sin considerar estas advertencias puede llegar a provocarte molestias o complicaciones en algunos casos específicos.
Por eso, antes de sumarlo a tu rutina, vale la pena que conozcas en qué situaciones se recomienda consumirlo con precaución o no hacerlo. Y, por supuesto, recuerda que antes de cambiar tu alimentación de forma drástica, lo ideal es consultar con un profesional de la salud y la nutrición para que te guíe en la forma correcta de hacerlo.

Si eres intolerante o sensible a los lácteos, lo mejor es evitar el kéfir. Foto: Pexels / Ilustrativa.
Intolerancia y alergias
La principal contraindicación del kéfir es para personas con una intolerancia severa a la lactosa o aquellas personas que cuentan con una alergia a la proteína de la leche.
El proceso de fermentación reduce de manera considerable la lactosa, pero aún es un derivado lácteo y puede provocar síntomas como inflamación, malestar estomacal o diarrea en personas que sean muy sensibles a este elemento.
Estómagos sensibles
Si tienes un sistema digestivo muy sensible o no sueles consumir alimentos probióticos de manera constante, introducir kéfir de forma repentina puede llegar a causar algunas molestias como gases, distensión abdominal o cambios en el tránsito intestinal, sobre todo si lo consumes en grandes cantidades desde el principio.
Esto también ocurre si cuentas con enfermedades como intestino irritable o similares.
Sistema inmune debilitado
Algunas personas con el sistema inmunológico comprometido no deberían consumirlo sin antes consultar con un especialista.
Al tratarse de un alimento con microorganismos vivos, es recomendable que quienes padecen enfermedades autoinmunes, reciben tratamiento oncológico o toman medicamentos inmunosupresores acudan primero con un profesional de la salud para que los guíe en el consumo de este tipo de productos.
Exceso de kéfir
Consumir kéfir en exceso también puede llegar a generar un desequilibrio en nuestra flora intestinal, trayendo consigo problemas como diarrea, cólicos o malestar general.
Como suele ocurrir con los alimentos fermentados, la clave para aprovechar al máximo sus beneficios está en las porciones y la moderación; de esta manera mantenemos nuestro organismo en equilibrio.
Precaución con medicamentos
Si tomas ciertos medicamentos, sobre todo antibióticos o fármacos que afecten el sistema digestivo, lo ideal es tener precaución a la hora de consumir kéfir y otros productos fermentados, ya que pueden interactuar con algunos tratamientos y alterar su efecto.
Por eso, también en este caso, es recomendable consultar con un especialista antes de incluirlo en tu dieta.
Fuente: Infobae.
Por: Rafael Maldonado.

