En las últimas semanas, las redes sociales se han llenado de recomendaciones sobre remedios naturales para mejorar la salud. Entre ellos,
En las últimas semanas, las redes sociales se han llenado de recomendaciones sobre remedios naturales para mejorar la salud.
Entre ellos, la ashwagandha ha llamado la atención por sus posibles beneficios. Esta planta es ampliamente utilizada en la medicina tradicional ayurvédica y en la unani, pero antes de consumirla es importante conocer sus efectos.
La ashwagandha (Withania somnifera) también se conoce como bufera, ginseng indio o cereza de invierno.
Es común encontrarla en suplementos que contienen extractos elaborados con las raíces de la planta o con una combinación de raíces y hojas.
Su popularidad ha crecido rápidamente, pero ¿realmente cumple lo que promete?
¿Para qué sirve la ashwagandha?
La ashwagandha se recomienda, sobre todo, para mejorar el sueño, reducir el estrés y la ansiedad, y optimizar la función cognitiva.
Sin embargo, ¿qué dice la ciencia al respecto? Si bien los efectos de la planta no se han estudiado a fondo, hay investigaciones que sugieren ciertos beneficios.
Los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por su sigla en inglés), aseguran que los extractos de ashwagandha podrían ayudar a disminuir el estrés y la ansiedad.
Estudios indican que personas que tomaron ashwagandha durante 6 a 8 semanas reportaron sentir menos ansiedad, fatiga e insomnio. Además, se observó una reducción en los niveles de la hormona del estrés.
Los suplementos que contienen ashwagandha también han sido relacionados con una mejora en la capacidad cognitiva, el metabolismo y los niveles de energía.
Asimismo, algunas investigaciones sugieren que podría ayudar a combatir la demencia y la depresión. En muchos casos, las dosis efectivas oscilan entre 500 y 600 miligramos diarios.
Contraindicaciones de la ashwagandha
Si bien la ashwagandha es popular por sus beneficios, también presenta algunos riesgos. Expertos han reportado que su consumo se ha asociado con lesiones hepáticas en ciertos casos, aunque aún se requieren más estudios para confirmar esta relación.
También podría interactuar con fármacos para la diabetes, la presión arterial y los sedantes, así como con medicamentos que afectan el sistema inmunológico.
Por ello, es fundamental consultar con un médico antes de incluirla en la rutina diaria.
No se recomienda para personas con cáncer de próstata, mujeres embarazadas o en periodo de lactancia.
Además, algunos estudios sugieren que podría alterar la función de la glándula tiroides, por lo que no es recomendable para quienes toman medicamentos para trastornos tiroideos.
Fuente: Gastrolab.
Por: Karen Salgado.