Conoce qué alimentos se recomiendan durante el tratamiento contra el cáncer de mama, por qué es importante consumir suficientes calorías y pro
Conoce qué alimentos se recomiendan durante el tratamiento contra el cáncer de mama, por qué es importante consumir suficientes calorías y proteínas y cómo adaptar la dieta a los efectos secundarios.
Recibir un diagnóstico de cáncer de mama implica afrontar diferentes cambios físicos y emocionales, además de adaptarse a los tratamientos indicados por los especialistas. Durante esta etapa, la alimentación adquiere un papel importante, ya que ayuda a cubrir las necesidades nutricionales del organismo, mantener la energía y conservar la masa muscular.
Aunque una alimentación saludable suele incluir frutas, verduras, panes y cereales integrales, así como cantidades moderadas de proteínas magras y productos lácteos, las necesidades de las personas con cáncer pueden ser diferentes. En determinados momentos, el organismo requiere más calorías y proteínas para mantener la fuerza, favorecer la reparación de los tejidos y hacer frente a los efectos secundarios de la quimioterapia, la radioterapia u otros tratamientos.
Por esta razón, no todas las pacientes deben seguir exactamente la misma dieta. Mientras algunas pueden mantener sus hábitos alimenticios habituales, otras necesitan consumir más proteínas, elegir alimentos con mayor aporte energético o modificar la consistencia y el contenido de fibra de sus comidas. La orientación de un nutriólogo especializado en oncología permite adaptar la alimentación a cada caso y evitar restricciones innecesarias.
Proteínas, frutas, verduras y cereales forman parte de una dieta equilibrada, pero durante la quimioterapia puede ser necesario aumentar las calorías y modificar algunos alimentos. — Magnific.
¿Qué alimentos comer durante el tratamiento contra el cáncer de mama?
De acuerdo con las recomendaciones generales de nutrición oncológica, la alimentación debe ajustarse a las necesidades de cada persona, especialmente cuando el tratamiento provoca pérdida de peso, falta de apetito o dificultades para comer. Entre los alimentos que pueden ayudar a cubrir los requerimientos nutricionales se encuentran los siguientes:
1. Carnes, pescados y huevos
El pollo, el pavo, el pescado y los huevos son fuentes de proteínas que contribuyen al mantenimiento de la masa muscular y a la reparación de los tejidos. Durante ciertas etapas del tratamiento, los especialistas pueden recomendar aumentar su consumo para evitar que la alimentación resulte insuficiente. Si hay dificultades para masticar, se puede optar por carnes deshebradas, pescado suave o huevos revueltos. También es posible agregar salsas, caldos o jugos de carne para facilitar el consumo de preparaciones secas, siempre que no existan problemas para tragar que requieran una valoración médica.
2. Leche, yogur y otros productos lácteos
La leche, el yogur y los quesos pasteurizados aportan proteínas y otros nutrientes importantes. Pueden incorporarse en desayunos, colaciones o preparaciones sencillas para ayudar a cubrir las necesidades nutricionales durante el tratamiento. Aunque en una alimentación habitual se recomienda moderar el consumo de ciertos productos según su contenido de grasa y sal, durante el tratamiento puede ser necesario priorizar aquellos que la paciente tolere mejor y que contribuyan a mantener un peso adecuado. La selección debe realizarse considerando sus necesidades individuales.
3. Legumbres y proteínas de origen vegetal
Los frijoles, las lentejas, los garbanzos y la soya son alternativas para complementar el aporte de proteínas. Además, las legumbres contienen otros nutrientes que contribuyen a una alimentación variada. Pueden prepararse en sopas, purés o guisos suaves cuando existe sensibilidad digestiva. Si producen gases o molestias intestinales, conviene consultar con el especialista para ajustar las porciones y la forma de preparación.
4. Frutas y verduras
Las manzanas, las peras, los plátanos, las zanahorias, las calabacitas, el brócoli y las espinacas aportan vitaminas, minerales y otros compuestos que forman parte de una dieta equilibrada. Cuando se toleran bien, pueden consumirse de distintas formas, procurando una higiene adecuada. Si hay llagas en la boca o dolor al masticar, las frutas blandas y las verduras cocidas pueden resultar más cómodas. En caso de diarrea, el nutriólogo puede recomendar modificar temporalmente el consumo de ciertos vegetales y frutas ricos en fibra.
5. Panes, cereales y otros alimentos que aportan energía
La avena, el arroz, el pan, la pasta, las tortillas y las papas proporcionan carbohidratos que el organismo utiliza como fuente de energía. Los cereales integrales pueden formar parte de una alimentación saludable cuando se toleran bien. Sin embargo, durante determinados momentos del tratamiento, algunas pacientes necesitan sustituir temporalmente los alimentos ricos en fibra por opciones más suaves y fáciles de digerir. Esta modificación puede ser útil ante ciertos problemas intestinales, pero debe adaptarse a los síntomas y no convertirse en una restricción permanente sin indicación profesional.
6. Alimentos con grasas saludables
El aguacate, el aceite de oliva, las nueces, las almendras y las semillas aportan grasas insaturadas y pueden ayudar a incrementar las calorías de las comidas. Esto puede ser especialmente útil cuando existe pérdida de peso o falta de apetito y resulta difícil consumir porciones grandes. En estos casos, el especialista puede recomendar enriquecer algunas preparaciones con ingredientes de mayor densidad energética. La prioridad es que la paciente consiga cubrir sus necesidades nutricionales sin que la alimentación se convierta en una fuente adicional de malestar.
7. Agua y otros líquidos
Mantener una hidratación adecuada es importante durante el tratamiento, especialmente si aparecen vómitos, diarrea o una disminución del consumo de alimentos. El agua suele ser una buena opción, aunque los caldos, las sopas y otras bebidas también pueden ayudar a cubrir las necesidades de líquidos. La cantidad recomendada depende de cada persona y de sus condiciones médicas. Si existen problemas renales, cardiacos o alguna indicación para limitar los líquidos, es indispensable seguir las instrucciones del equipo de salud.
Foto: Dan Gold / Unsplash.
¿Por qué las personas con cáncer necesitan una alimentación diferente?
Para la mayoría de las personas, una alimentación saludable se basa en consumir abundantes frutas, verduras y cereales integrales, incluir proteínas magras y productos lácteos, y limitar el exceso de azúcar, alcohol, sal y grasas saturadas o hidrogenadas. Estas últimas se encuentran en distintos alimentos, como la mantequilla, algunos productos cárnicos y lácteos, la comida rápida y las preparaciones fritas.
Sin embargo, cuando una persona recibe tratamiento contra el cáncer, estas recomendaciones generales deben adaptarse a su situación. Los efectos secundarios pueden reducir el apetito, modificar el sabor de los alimentos o provocar molestias digestivas que dificultan consumir cantidades suficientes de comida.
Por ello, en ciertos momentos puede ser necesario aumentar el aporte de calorías y proteínas, incluso mediante alimentos que normalmente se aconseja consumir con moderación. Esto no significa que una dieta desequilibrada sea recomendable, sino que las prioridades nutricionales deben responder a las necesidades inmediatas de la paciente, sobre todo si existe riesgo de desnutrición o pérdida involuntaria de peso.
Fuente: Gastrolab.
Por: Alfredo Fragoso.

